Las calles de Santiago y las regiones de Chile están cambiando de color. La adopción de vehículos eléctricos (EVs) de marcas como Tesla, BYD o Hyundai está rompiendo récords. Sin embargo, el verdadero diferenciador de estos autos no es que usen baterías en lugar de gasolina, sino que son, en esencia, “computadoras sobre ruedas”.
La IA como motor principal
En un vehículo eléctrico moderno, la Inteligencia Artificial gestiona casi todo:
- Gestión Térmica y de Batería (BMS): La IA analiza tu forma de conducir, el tráfico y la temperatura exterior para optimizar el consumo de energía en tiempo real, extendiendo la autonomía y la vida útil de la batería.
- Conducción Autónoma y ADAS: Las cámaras y sensores LiDAR no sirven de nada sin una red neuronal que interprete el entorno. Modelos de visión computacional identifican peatones, ciclistas y señales de tránsito en milisegundos, tomando decisiones críticas para la seguridad.
- Mantenimiento Predictivo: El auto “sabe” cuándo una pieza va a fallar antes de que se rompa, analizando vibraciones y anomalías en los datos del motor, avisándote a través de la app del celular.
El escenario chileno
Con la Estrategia Nacional de Electromovilidad, Chile busca que el 100% de las ventas de vehículos livianos sean de cero emisiones para 2035. La infraestructura de carga rápida está creciendo, y la IA es fundamental para gestionar estas “Smart Grids” (redes eléctricas inteligentes), balanceando la carga en las horas punta cuando miles de autos se conectan al mismo tiempo.

